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Los verdugos
Vivir creando ciegas voluntades,
ciegos puños feroces, decididos
a corromper el pan, alimentar la sombra
y a pudrir desde abajo, desde el hombre.
Yo los veo pasar. Y no me explico
como puede vivirse tanta muerte,
como puede llevarse, sin desmayo
tanta sombra en los ojos y en la médula
Y no sé como un día, de tanto huirse el alma,
de tanto desnudarse, de pisarse la sangre,
no se quedan vacíos, como el pellejo seco
de un animal innoble, colgado para el viento.
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